Internacionales
Foto: Nelson Pulido
Por: Alfredo Coronis
03-03-2009 | 10:00:35
“Ayayay...canta y no llores”
La afición capitalina gozó un mundo en el Caracas- Chivas de la Santander Libertadores. Le metió presión a su rival, asistió en masa y pintó de colores el cielo ucevista. Ojalá se repita más a me
Desde las 4:00 pm, casi cinco horas antes del cotejo, ya las camisetas rojas se dejaban ver por los alrededores de Plaza Venezuela. En su mayoría, muchachos de las barras que llevaban tambores y algún que otro trapo.
Con el transcurrir del tiempo, más y más personas se acercaron, a pesar de la lluvia, que amenazaba con dañar el espectáculo.
Ya cerca de la hora del partido, aun quedaba mucha gente haciendo cola afuera de la tribuna popular. El estacionamiento estructural de la UCV colapsó por tanto carro y las ansias crecían de cara al partido más rocoso como local para el Caracas.
Al salir a entrenar Chivas, recibió la típica rechifla. Para algunos jugadores prepotentes del "Rebaño", que no quisieron irse por el túnel, recibieron unos baños de cerveza.
Sobre la hora del partido, Caracas se dejó querer. Dejó pasar a su rival primero para ser recibido por una contundente pita, y se dio bomba para salir. Una vez en el campo, se desató el tifo de papelillos, gritos, papel de rollo, globos, fuegos artificiales y los ahora infaltables "baygon con yesquero".
El colorido no solo quedó bajo responsabilidad de la barra, dueña y señora del sector sur. Desde diversos puntos de la grada se vieron las antorchas improvisadas, bengalas de barcos, bombeadores "siete colores" y hasta debutó (al menos en trapo) una barra llamada "Ultras Curva Norte" que también aportó humo y pirotecnia.
El primer tiempo fue tenso. Chivas parecía que en cualquier momento iba a mojar y aún había mucha gente afuera. Casi al final del primer tiempo, cuando ya las casi 16.000 personas terminaron de ingresar se desahogó el público: gol de Bustamente.
Previo a eso, Rey abandonó el campo por una contractura. El público coreó al valiente central.
En el entretiempo, la caída de un zanquero provoco la cruel burla de los aficionados. Las colas a los baños fueron infinitas y pocos afortunados pudieron comer y volver a tiempo para el complemento.
Con el gol, la cosa estuvo más animada. Prieto falló lo impelable y varios empezaron a dudar de él por su pasado con Chivas. Sin embargo, el gol de Darío Figueroa destapó la euforía y casi eliminó cualquier tipo de temor.
En la tribuna principal había pequeños grupúsculos de Chivas, casi en cada extremo. Solo recibieron un pocos "fuera, fuera" del público. Nada en comparación de lo que recibirían en cualquier estadio suramericano.
El que si recibió de todo (solo en insultos, gracias a Dios) fue el principal, que no parecía atinarle nada a favor del local.
Con el paso del tiempo, la victoria se hacía más tangible y el público empezó a corear una ranchera, que picó muchísimo a los aztecas:
"Ayayayay…canta y no llores".
Con el transcurrir del tiempo, más y más personas se acercaron, a pesar de la lluvia, que amenazaba con dañar el espectáculo.
Ya cerca de la hora del partido, aun quedaba mucha gente haciendo cola afuera de la tribuna popular. El estacionamiento estructural de la UCV colapsó por tanto carro y las ansias crecían de cara al partido más rocoso como local para el Caracas.
Al salir a entrenar Chivas, recibió la típica rechifla. Para algunos jugadores prepotentes del "Rebaño", que no quisieron irse por el túnel, recibieron unos baños de cerveza.
Sobre la hora del partido, Caracas se dejó querer. Dejó pasar a su rival primero para ser recibido por una contundente pita, y se dio bomba para salir. Una vez en el campo, se desató el tifo de papelillos, gritos, papel de rollo, globos, fuegos artificiales y los ahora infaltables "baygon con yesquero".
El colorido no solo quedó bajo responsabilidad de la barra, dueña y señora del sector sur. Desde diversos puntos de la grada se vieron las antorchas improvisadas, bengalas de barcos, bombeadores "siete colores" y hasta debutó (al menos en trapo) una barra llamada "Ultras Curva Norte" que también aportó humo y pirotecnia.
El primer tiempo fue tenso. Chivas parecía que en cualquier momento iba a mojar y aún había mucha gente afuera. Casi al final del primer tiempo, cuando ya las casi 16.000 personas terminaron de ingresar se desahogó el público: gol de Bustamente.
Previo a eso, Rey abandonó el campo por una contractura. El público coreó al valiente central.
En el entretiempo, la caída de un zanquero provoco la cruel burla de los aficionados. Las colas a los baños fueron infinitas y pocos afortunados pudieron comer y volver a tiempo para el complemento.
Con el gol, la cosa estuvo más animada. Prieto falló lo impelable y varios empezaron a dudar de él por su pasado con Chivas. Sin embargo, el gol de Darío Figueroa destapó la euforía y casi eliminó cualquier tipo de temor.
En la tribuna principal había pequeños grupúsculos de Chivas, casi en cada extremo. Solo recibieron un pocos "fuera, fuera" del público. Nada en comparación de lo que recibirían en cualquier estadio suramericano.
El que si recibió de todo (solo en insultos, gracias a Dios) fue el principal, que no parecía atinarle nada a favor del local.
Con el paso del tiempo, la victoria se hacía más tangible y el público empezó a corear una ranchera, que picó muchísimo a los aztecas:
"Ayayayay…canta y no llores".
Duro golpe a la moral rival, mientras la afición capitalina se lo gozaba. Al final del partido, los hinchas colorados, muchos de ellos en alto estado de ebriedad partieron a sus hogares. Eso sí, con mucha cautela. Caracas es muy peligrosa, sobre todo cerca de la media noche.
Una vez concluido el partido, no podían faltar los "pasteleros". Cerca de diez personas, con claros acentos criollos se acercaron al autobús de Chivas a solicitar el autógrafo de…alguien. Alguno atinó a decir que estaba Jared Borgetti. Varios tuvieron que "conformarse" con retratarse con los héroes locales.
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